Lero viene de Monterrubio de la Serena, Badajoz. No tiene una escena detrás ni un ejército de fans, solo un grupo de colegas que le apoyan y viven el proyecto como si fuera suyo. Su música mezcla pop, indie y sonidos urbanos, no encaja en ningún lado y eso es justo lo que la hace diferente.
Las suyas son canciones feliztristes: de esas que te abrazan por dentro mientras te dejan una sonrisa en la cara. Su forma de mirar el mundo, con ternura y desengaño, es también lo que define su sonido. Un letrista que se mueve entre géneros sin pedir permiso: demasiado indie para lo urbano, demasiado urbano para lo indie. O quizás, simplemente rural, si uno se fía de sus raíces. Con un sonido muy cercano a artistas de su generación como Hens, Walls o Barry B, con letras muy influenciadas por el rap de Santiuve, Jaloner, Hoke, Sharif, Mxrgxn o Vito… Hasta sonidos más pop como Phoebe Bridgers o EDEN, artistas como Jorge Drexler, pablopablo, guitarricadelafuente, Juancho Marqués o Carlos Ares.
Como artista, Lero no solo pone voz: diseña, graba, dirige y edita su propio universo visual. Es pura generación Z, entiende el lenguaje de su tiempo y lo usa para contar. Eso mismo hace en su directo: cuenta cuentos, recita poemas y canta historias acompañado de dos guitarras, coros, percusiones y vientos que añaden colchón armónico a su narrativa.